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lunes, 11 de marzo de 2013

El legado de Chávez

Artículo copiado del suplemento semanal Bitácora.

Por Niko Schvarz (*)
La nueva América Latina y caribeña amanecida con el nuevo siglo y milenio se inicia con la victoria electoral de Hugo Chávez en 1998.

 

Murió?...Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.

ANTONIO MACHADO

Quand la mort viendra, que reste-t-il?
PAUL VERLAINE


 
 Después vinieron los triunfos de la izquierda con Lula (dos veces, y luego Dilma) en Brasil, la experiencia de la Concertación Democrática en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Martín Torrijos en Panamá, los Kirchner en Argentina, Daniel Ortega de nuevo en Nicaragua, Álvaro Colom en Guatemala, Mauricio Funes en El Salvador, Pepe Mujica en Uruguay. 

   El presidente Rafael Correa, reelecto el mes pasado en Ecuador, expresó acertadamente que la América Latina y caribeña vive ya no una época de cambios, sino un cambio de época. Llegaron al gobierno, por la voluntad de los pueblos, fuerzas de izquierda en sus múltiples vertientes pero con un denominador común: cambiar la situación de sus países, satisfacer las aspiraciones profundas de sus pueblos. No todos estos procesos tuvieron continuidad; en algunos casos gobiernos progresistas como el de Manuel Zelaya en Honduras y el de Fernando Lugo en Paraguay fueron derribados por la contraofensiva de la derecha y el imperio, pero en otros lograron derrotar los intentos golpistas, como sucedió en Bolivia (donde estaban unidos a intentos secesionistas), en Ecuador y en la propia Venezuela en el año 2002. Sin duda fue Chávez quien inició este nuevo rumbo en Venezuela y en América Latina.

   En Venezuela, esta nueva época inaugurada por Chávez significó el fin de los gobiernos prohijados por el indecoroso pacto del punto fijo mediante el cual adecos y copeyanos se apropiaron de los resultados del levantamiento popular del 23 de enero de 1958 que dio al traste con la dictadura de Pérez Jiménez y procedieron durante 40 años a repartirse el poder hasta la última migaja. Una expresión de su política fue el caracazo del 27 y 28 de febrero de 1989 decretado por el presidente Carlos Andrés Pérez, una represión feroz contra manifestaciones populares de protesta ante medidas hambreadoras del gobierno que dejó un saldo de más de mil muertos y desaparecidos, además de dos mil heridos y detenidos. Chávez fue testigo presencial de estos acontecimientos en Caracas y expresó su indignada condena a la acción represiva de las fuerzas policiales y militares. Contra C.A.Pérez (que después fue expulsado de la presidencia por corrupción manifiesta y condenado a prisión domiciliaria), Chávez con el Movimiento Bolivariano Revolucionario 2000 lideró el levantamiento militar del 4 de febrero de 1992, que fracasó y le costó dos años de prisión, siendo amnistiado por el presidente Rafael Caldera.

   Desde que fue electo presidente el 6 de diciembre de 1998 con el 56,5% de los votos y el apoyo de los partidos Comunista y Patria para Todos, y a lo largo de más de 14 años hasta su muerte el 5 de marzo de 2013, Chávez practicó una política para las grandes masas del pueblo y junto a ellas, sin claudicación. Una verdadera definición de democracia y de participación popular en la forja de su destino. Y le agregó un altísimo componente afectivo. Hizo la política con amor, y recibió amor (y no sólo votos) de parte de su pueblo, sobre todo de los sectores más humildes y siempre postergados.  Lo que vimos en la pantalla estos días en Caracas y en las ciudades venezolanas eran demostraciones auténticas de dolor profundo y de amor hacia el comandante. Lo sentían como uno de ellos, rasgo común, por otra parte a Lula, Evo, Pepe Mujica entre  los presidentes de izquierda del continente. Esa consustanciación del gobernante con su pueblo la pudimos apreciar personalmente en las calles de Caracas al participar a comienzos de julio 2012 en el Encuentro del Foro de Sâo Paulo, y luego en el gran mitin de clausura en el Teatro Teresa Carreño. Hay una comunicación del presidente con la gente de notable fluidez. Y eso es lo que explica también el desenlace de los principales acontecimientos de la historia reciente de Venezuela. Recordemos el golpe de estado de abril 2002, con el secuestro de Chávez y su reclusión solitaria en la isla de Orchila, paso previo a su proyectado asesinato, mientras el jefe de la mayor cámara empresarial, Pedro Carmona Estanga (hoy acogido con todos los honores en Estados Unidos), usurpaba la presidencia. Lo que definió la dramática situación en esos días fue la masiva y espontánea manifestación del pueblo en todo el país, y que en Caracas llegó a ocupar el Palacio de Miraflores y a desalojar a los golpistas, todo ello unido a la conducta de militares leales, que hicieron conocer el mensaje de Chávez negando que hubiera renunciado a su cargo.

   Esta adhesión masiva del pueblo es el sustento de la seguidilla impresionante de sus victorias electorales y plebiscitarias, un record que ningún gobierno puede exhibir. Tras la asunción el 2 de febrero de 1999, los acontecimientos se sucedieron rápidamente. Un referendo a favor de una nueva Constitución, la elaboración de una nueva Carta Magna en sustitución de la de 1961 y su aprobación por el Parlamento el 15 de diciembre marcaron el primer año de gobierno y crearon las bases de un profundo proceso de reformas políticas, económicas y sociales, que sigue en curso. En virtud de la nueva Constitución Bolivariana (ese librito de tapas azules que Chávez mostraba a cada paso en sus exposiciones públicas) fueron convocadas elecciones generales para el año siguiente, a fin de ratificar todos los cargos de elección popular, incluyendo la Presidencia de la República, que también fue puesta en juego. Chávez quedó ratificado con el 59,76% de los sufragios. 

    El golpe de estado de abril 2002 fue seguido por el paro petrolero de fines de 2003 y comienzos de 2004, expresión de los intentos más graves de la oligarquía venezolana, asociada a intereses foráneos, de recuperar el control del país, lo que fue una vez más frustrado por la movilización popular en apoyo a su gobierno. A esa altura comenzaron a ejecutarse las misiones sociales, entre ellas Barrio Adentro, en estrecha colaboración con los profesionales cubanos en intensa labor solidaria, para la atención médica y educación gratuitas de la población de menos recursos, y Mercal, surgida tras las carencias provocadas por el paro petrolero y dirigida a proveer alimentos a bajos precios a la población.

   La oposición promovió luego, en 2004, un referéndum revocatorio, que resultó confirmatorio para la presidencia de Chávez, reelegido una vez más en los comicios  del 3 de diciembre de 2006 para reemprender el gobierno en el período 2007-2012 con creciente apoyo de la ciudadanía. Éste volvió a expresarse en las elecciones del 7 de octubre de 2012, en que Chávez fue reelecto nuevamente para el período 2013-2019 con el respaldo del 55,07% de los electores y 8.191.132 votos, en una elección con 80,4% de participación ciudadana. En las siguientes elecciones regionales del 16 de diciembre 2012 el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de Chávez y sus aliados ganaron 20 de las 23 gobernaciones.   

    Los gobiernos de Chávez dieron un gran impulso a la causa de la integración latinoamericana y caribeña y a la solidaridad entre nuestros pueblos. Venezuela desempeñó un papel fundamental en la concreción de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), expresión mayor de la integración continental, sin Estados Unidos ni Canadá. Es de algún modo el reverso del ALCA, esa maldecida Alianza de Libre Comercio de las Américas impulsada por el presidente Bush y que naufragó de manera irreversible en la Cumbre de Mar del Plata a fines de 2005, por la participación decidida de un conjunto de presidentes de izquierda, Chávez entre ellos (y Tabaré Vázquez). Asimismo, la integración plena de Venezuela al Mercosur, refrendada en fecha reciente, es otro aporte sustancial a la consolidación del bloque regional.

    Conjuntamente con ello, Venezuela ha practicado la solidaridad efectiva y concreta con pueblos y gobiernos de Nuestra América. Sus ingentes recursos petroleros, que han sido colocados al amparo de la soberanía venezolana, no solo están al servicio de la educación, la salud y la vivienda para el pueblo, sino que han contribuido, con generosidad, a resolver la ecuación energética de varios países de la región, de los que integran el ALBA y de Cuba, en particular, que lo compensa con la labor abnegada de miles de técnicos en salud, educación, agricultura o deportes. Del mismo modo, Venezuela ha suscrito numerosos acuerdos de mutuo beneficio en diversas ramas con varios países de la región, de los que son ejemplo, en Uruguay, los convenios múltiples con ANCAP, la participación en ALUR, recursos destinados al Hospital de Clínicas y a la construcción del Instituto de Oncología, participación del banco BANDES en la compra de Cofac, convenios con empresas recuperadas como Envidrio, Funsa y Uruven (curtiembre), acuerdos sobre satélites de comunicaciones y sobre la Antártida, e incluso un puente y obras en el pueblito Bolívar de Canelones.

    La Venezuela chavista ha marcado su impronta en el gran tema en debate en nuestro tiempo, al proclamar su fórmula Socialismo del siglo XXI . Es un aporte considerable, motivo de análisis y reflexión continental (y mundial). Señala la relación entre un conjunto de conquistas sociales que extienden y profundizan la democracia  y la perspectiva de una aspiración al  socialismo, de ir colocando los cimientos de un régimen social que supere las injusticias y desigualdades del sistema capitalista. En el caso particular de Venezuela, se le ha adosado al tema una vertiente cristiana. Chávez ha hecho profesión de fe cristiana y en sus apariciones públicas aparecía a la vez con el ejemplar de la Constitución y el crucifijo. En la ceremonia de homenaje póstumo a Chávez efectuada el martes 5 en Managua, junto a Daniel Ortega hablaron las máximas autoridades eclesiásticas de Nicaragua. Recordemos que una de las bases de nuestro Frente, desde la etapa de su fundación, es la unión de cristianos y marxistas. Se ha mencionado al respecto la sentencia de Ernesto Sábato: El socialismo tal como ha sido expuesto por los teóricos marxistas o no- es algo más que la nacionalización de la producción y del consumo, es un movimiento profundamente moral, destinado a enaltecer al hombre y a levantarse del barro físico y espiritual  en que ha estado sumido en todo el tiempo de la esclavitud. Es, quizá, la interpretación laica del cristianismo . En todo caso, pareciera que en Chávez las dos vertientes estaban acopladas en el mismo ser humano y, en relación al marxismo, con un fuerte acento gramsciano.

    Chávez deja un duelo de labores y esperanzas , según el verso de Antonio Machado. Queda, vivo, su legado. Como proclaman quienes están llamados a ser los continuadores de su obra, lo que se requiere en esta hora, para Venezuela y para América Latina, es unidad, unidad y unidad . En estos términos se expresó el vicepresidente Nicolás Maduro y ello asume clara vigencia, ante todo, en la inmediata instancia electoral, para volver a derrotar a la reacción de adentro y de afuera. Esta última se ha mostrado siempre activa, impregnada de un rechazo visceral al proceso soberano e independentista de Venezuela. Se agrega el hecho de que horas antes del desenlace fatal, el gobierno venezolano expulsó a dos agregados aéreos de la embajada de los Estados Unidos que estaban conspirando contra las fuerzas armadas venezolanas y proponiendo proyectos desestabilizadores del país, al amparo de la situación creada. Los dos ya se mandaron mudar, pero el peligro continúa latente.

(*) Periodista.

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